PALESTINA.- Ha sido un mes de constantes bombardeos, posiciones políticas divididas, protestas en todo el mundo y la amenaza de una escalada del conflicto, con una cifra de víctimas mortales que supera las 11.000, el 90 % en la Franja de Gaza.
Hasta hoy, el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, ha reportado más de 10.000 muertos y 25.000 heridos en el enclave palestino. Mientras que el Ministerio de Salud israelí contabiliza alrededor de 1.400 decesos desde el ataque del 7 de octubre.
El 7 de octubre, el sol apenas se asomaba en el Medio Oriente. Unas 3.000 personas bailaban y disfrutaban al ritmo de la música electrónica en el festival ‘Tribe of Nova’, a unos cuantos kilómetros de la Franja de Gaza. De repente, la música se detuvo y estelas de cohetes se vieron en el cielo despejado.
Militantes del grupo islamista Hamás incursionaron desde la Franja de Gaza hacia Israel en vehículos, lanchas e, incluso, se lanzaron en parapente hacia el lugar donde se celebraba el festival electrónico y empezaron a disparar indiscriminadamente contra personas que se les cruzaban por el camino.
En los kibutz –comunas agrícolas judías– del sur de Israel la situación era similar.: integrantes de Hamás recorrieron esas comunidades, disparando casa por casa, en las calles y contra los automóviles, sin discriminar si eran niños, ancianos o mujeres.

Una fotografía tomada durante una gira de prensa organizada por el ejército israelí muestra manchas de sangre dentro de una casa en el kibutz Nir Oz, a lo largo de la frontera con la Franja de Gaza tras el ataque del 7 de octubre. Se estima que 100 personas de Nir Oz fueron asesinadas, secuestradas o desaparecidas durante la infiltración de Hamás. © AFP – MENAHEM KAHANA

Mientras que en Tel Aviv, miles de personas despertaban por el sonido de las alarmas antiaéreas y por las alertas de sus celulares, que les advertían que tenían menos de tres minutos para resguardarse en los búnkeres, mientras que la cúpula de hierro destruía los más de 5.000 cohetes que reportó haber lanzado Hamás ese día. 
Israel vivía un ambiente festivo por la celebración del fin del ‘Sucot’, una de las festividades judías más importantes del año, además del sabbat, el séptimo día de la semana del calendario hebreo y día de descanso para los judíos.
El saldo del atentado sorpresa: más de 1.400 muertos en Israel, cientos de heridos, un número aún inexacto de rehenes, que se cree están en la Franja de Gaza, y una declaratoria de guerra. 
Tras los ataques de Hamás, rápidamente las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se reunieron y trazaron un plan para avanzar con su objetivo de destruir por completo al grupo islamista, incluyendo el despliegue de al menos 350.000 reservistas hacia la Franja de Gaza.
El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, dijo que sus tropas se encontraban en “una situación de seguridad especial” y aseguró que se desplazarían en un radio “de cero a 80 kilómetros” desde la Franja de Gaza.
En Tel Aviv, las alarmas continuaban sonando, se reportaban heridos tras ser alcanzados por esquirlas de cohetes y el mundo se estremecía a medida que se iban conociendo videos y testimonios de víctimas en el festival de música y en los kibutz.

Un soldado israelí camina en una de las casas atacadas por militantes palestinos el 7 de octubre, mientras visitaba allí con un equipo de voluntarios de la ONG ultraortodoxa israelí ZAKA, en el Kibbutz Holit, en el sur de Israel. AFP – YURI CORTEZ

Mientras que, desde la frontera norte de Israel, en territorio libanés, el grupo chiita Hezbolá inició una serie de lanzamientos de cohetes en solidaridad con Hamás, ataques que se han mantenido activos durante este último mes.
“La resistencia islámica de Hezbolá atacó tres posiciones del enemigo sionista en las granjas libanesas ocupadas de Shebaa, con gran cantidad de proyectiles de artillería y misiles teledirigidos”, afirmó el grupo terrorista libanés en un comunicado.
Entretanto, todas las aerolíneas que volaban desde y hacia Tel Aviv cancelaron sus vuelos por seguridad, causando caos para turistas y extranjeros que buscaban salir de este territorio. La única aerolínea en operar fue la israelí El Al, dotada con un moderno sistema para interceptar misiles.
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